El Puerto de La Luz, un lugar para pasear…

Posted on enero 12, 2015

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La historia de estas fotos tomadas a Daniel y Héctor en abril de 1981, comienza muchos años antes de ser tomadas por su padre Don José Daniel Santana Torres…

Para poder entender la importancia de las fotos debemos destacar que José Daniel era un asiduo del Puerto desde niño,  “a mi abuelo le gustaba ver el trajín de aquellos los barcos franceses de la Compagnie de Navegation Paquet” y  “después de la obligatoria misa y la recogida de programas de cine que eran repartidos al lado de la Catedral, tomábamos la guagua y rián pal puerto.”

Continua contándonos que; “Las visitas que más me hicieron disfrutar fueron las del muelle de Santa Catalina, todo estaba cerca: La Marquesina, la punta del muelle con el faro, la visión del entramado de hierro con las vagonetas que suministraban el carbón a los barcos, el edificio del Club Náutico sobre pilares. Una vez mi padre alquiló una barca, y el barquero nos paseó por la zona del Club Náutico, recuerdo que me gustó mucho ese primer embarque de mi vida, aunque el agua estaba oscura y grasienta” . ” Desde ese lugar vi el desembarco del pasaje del hidroavión de la compañía Aquila Airways que volaba desde Londres hasta el Puerto de la Luz, haciendo escala en Madeira.”

“Las visitas a la zona del muelle y parque de Santa Catalina eran habituales, estoy hablando de los años cincuenta, con el puerto, allí nos entreteníamos con el minigolf, las galletas que mi padre nos compraba en ”Gerrerós”, las almendras y garapiñadas que vendedores ambulantes transportaban en unas tablas y que con una palita metálica llenaban los cucuruchos. Por la tarde, cuando se oscurecía, en la azotea del edificio del hotel Central, que hace esquina con la calle Ripoche, en una pantalla cinematográfica proyectaban trailers y anuncios en forma de diapositivas, ese último rato de visita al Puerto lo pasábamos al lado de la tienda de recuerdos de la isla, “Fataga”, desde allí lo veíamos bien. Hoy se pueden ver los palos en la azotea del edificio, los mismos donde extendían la pantalla de cine.”

Como vemos José Daniel tiene una relación muy fuerte desde niño con el Puerto y le viene inculcada por su abuelo y por su padre. Cuando años más tarde llega a ser padre, continua esa relación con el Puerto y aquella pasión que le habían transmitido, se la traslada a sus hijos.

“En los setenta y ochenta con los niños aún pequeños, nos bajábamos e inspeccionábamos la zona. Durante un tiempo, en el arranque del nuevo dique, los aficionados a las maquetas de barcos las hacían navegar en las tranquilas aguas junto al cementerio de barcos que depositaban allí para ser cubiertos por los escombros y así ganar espacio para el puerto, el correíllo “León y Castillo” fue uno de ellos, con su chimenea cubierta por la pintura blanca, anulando los colores de la compañía. Al otro lado del dique vimos pasar ese día al veloz al Jet foil.”

Las fotos reflejan el lado más humano de un Puerto que fascina a todos los habitantes de nuestra isla, pasando ese conocimiento de generación en generación, llevando a sus hijos y nietos los domingos a ver y conocer bien, ese micromundo llamado Puerto de La Luz…

 

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