La Isleta. Revista Aguayro

Posted on enero 19, 2011

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Aquí te ofrecemos un artículo muy interesante sobre el pasado prehispánico de la Isleta. 

Supone otro trabajo más, que se suma a la lista de autores que hablan sobre la Isleta, y que ya tenemos colgados en esta web.

Lentamente vamos facilitando el acceso digital de los estudios que abordan nuestra historia.

Esperamos que te ayude a entender mejor nuestro pasado, y por supuesto el agradecimiento a los autores por haber dedicado su tiempo a este tema.

No dejes de leerlo, ya que los investigadores hacen un repaso rápido pero rico en información, sobre los diferentes yacimientos y restos arqueológicos, de aquellos los canarios que vivieron en nuestra isla antes de la llegada de los europeos.

Revista Aguayro, 1993, número 201 página 2.

Jorge Miranda Valerón 

Rubén Naranjo Rodríguez.

La Isleta

La pequeña península volcánica que define el extremo noroeste de Gran Canaria, constituyó en su origen una pequeña isla (isleta), separada del conjunto insular.

El proceso constructivo se inició hace más de 1,5 millones de años, en una primera fase, que tendría continuación posteriormente, prolongándose la actividad volcánica hasta hace pocos miles de años.

Clasificado como Parque Natural, en atención a sus valores geomorfológicos, faunísticos y, en menor medida botánicos, este enclave reúne además interesantes elementos arqueológicos.

Ya en las Crónicas de la Conquista, se señala que en; “las Isletas han descubierto muchas casas i sepulchros llenos de estos mirlados”.

Sabino Berthelot, en las primeras décadas del pasado siglo, describe en sus Antigüedades Canarias la existencia  de túmulos, de forma troncocónica, donde los esqueletos, la mayoría bien conservados, y con la cabeza colocada en dirección norte, han sido envueltos en junco trenzado.

Constata la presencia en los enterramientos de trozos de vestido y tejido vegetal, fragmentos de trenzas y zapatos de hoja de palma, cuentas de collar, leznas y punzones de hueso e incluso pintaderas.

El propio Berthelot contribuyó al expolio de esta necrópolis, pues indica que el “Departamento de Antropología del Museo de París, posee algunos especímenes que le hemos enviado”.

Con posterioridad, en el mismo siglo, René Verneau señala que “esta inmensa necrópolis desaparece rápidamente”. De hecho, por encargo suyo, Diego Ripoche abriría más de doscientos de estos túmulos.

El autor francés los describe como montículos de piedras, bajo los que había una fosa rectangular de 2 metros de largo, por 50 ó 60 centímetros de ancho, apta para recibir solamente un cadáver.

La expansión urbanística, a partir de la construcción del Puerto de La Luz, hará desaparecer definitivamente esta necrópolis.

Se conserva actualmente en La Isleta un conjunto de cuevas artificiales y graneros, pequeños concheros, talleres líticos y dos canteras de molinos.

El elemento más singular lo constituyen estas canteras, donde los aborígenes se proveían de piedras para sus molinos circulares.

Localizadas en las cercanías de las llamadas Cuevas de los Canarios y dentro de la zona militar (Montaña Quemada), en dichos lugares se aprecia claramente el proceso de extracción de las piezas o la huella dejada en el risco.

Procedentes del área militarizada, se encuentran en el Museo Canario numerosas ruedas en fase de labrado.

Cabría considerar la existencia, o no, de una población estable en razón de los numerosos vestigios existentes.

La presencia de un granero, con una capacidad apreciable, la inexistencia, por otra parte, de fuentes de agua, y el reducido espacio útil para la producción (agrícola o ganadera), hacen complejo cualquier tipo de interpretación.

Se podría establecer alguna relación con el aprovechamiento de los recursos naturales (canteras) y/o el que fuera un espacio reservado, para el desarrollo de alguna actividad u oficio, repudiado dentro de la sociedad aborigen, como claramente se señala en las Crónicas.

Es el caso de los verdugos, que al igual que los carniceros, poseían un lugar concreto para realizar su trabajo.

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